miércoles, 29 de diciembre de 2010

Taller 1.17


Cuando yo era joven, se nos dio un pequeño sermón: «La extremidad del hombre es la
oportunidad de Dios». ¿No es ésta la extremidad de ustedes? Esto es muy concreto. ¿No es Aquí donde su humanidad se cambia en su Divinidad, en su Budeidad, en su Naturaleza Verdadera? ¿No ocurre ello sólo en este lugar mágico? Nosotros nunca miramos a este lugar. Naturalmente, esto no se aplica a los demás, solo a ustedes que cambian de lo que parecen a lo que son. Helo aquí. ¿Desde qué están mirando ustedes ahora?

Douglas Harding

sábado, 25 de diciembre de 2010

Taller 1.16


Una última cosa: ustedes han hecho remontar su mirada a lo largo de su cuerpo (de hecho la han hecho descender), y han encontrado un lugar, una línea, donde las cosas se cambian en Nada; donde el mundo se cambia desde lo que parece a desde donde viene; donde ustedes acaban como una persona y comienzan como su Verdadero Sí mismo o No-sí mismo o Naturaleza Verdadera; donde su forma, que es para verla, deviene el Vacío, que es el que ve. ¿Podrían ustedes trazar ahora una línea con su dedo de un lado a otra de su camisa o blusa donde ella desaparece? Es como si las polillas hubieran estado en su camisa y se hubieran comido la parte superior de ella. Tracen una línea ahí, y entonces levanten y extiendan sus brazos hasta que estén horizontales. ¿No alargan estos brazos la línea que ustedes han trazado? Ellos son
los brazos de Dios. Cuando salen de un ser humano, cuando salen de una cabeza y hombros, como les ocurre a los demás, los brazos son humanos. Pero cuando salen de esta Claridad, de esta Ausencia, entonces son realmente los brazos de Dios. Ustedes están rodeando el universo con sus brazos. Sus manos están tan lejos una de otra como el este del oeste, ¿no es cierto? Una enorme distancia las separa. Sus brazos van realmente hasta el confín del mundo. ¿No son sus brazos los brazos del Amor mismo?

lunes, 20 de diciembre de 2010

Taller 1.15


Nosotros siempre estamos mirando A las cosas. ¿DESDE QUÉ estamos mirando? El gran
poeta alemán, Rainer María Rilke, dijo: «Y nosotros espectadores que siempre, siempre miramos a las cosas, y nunca desde algo. ¿Quién nos ha vuelto así?»

«Ah», pueden decir ustedes: «mirar a las cosas, eso es mirar realmente. Mirar a la Nada, eso no es mirar realmente». Yo pienso que es al revés y que cuando yo miro a una cosa, solo la vislumbro. Una cosa es tremendamente complicada. Lo primero de todo: yo solo veo su frente. No veo los lados ni la parte de atrás. No veo el interior. Tengo que escudriñarla debido a que es muy compleja. No puedo abarcarla toda. De la misma manera, yo solo atisbo el mundo. El mundo es en este sentido invisible para mí. Pero cuando miro Aquí, veo Esto con absoluta autoridad y claridad. Ésta es la verdadera visión. He aquí por qué Shen Hui, un maestro chino del siglo nueve o diez, dijo: «Ver en nuestra naturaleza Vacía, Ver en Nada, esto es el ver verdadero, esto es el ver eterno». Ver a Quien su dedo está apuntando, ver Quién son ustedes, es más evidente, más auténtico, más completo, más ver verdaderamente que ver su dedo, o cualquier otra cosa en el mundo. La única cosa que podemos saber realmente es Quién somos. Por supuesto, Quien ustedes son permanece totalmente misterioso. Pero no hay nada Aquí sobre lo que equivocarse. Es la Claridad misma. Quien nosotros somos, real, realmente es un Pedazo de Pastel. Está presente. Es evidente. ¿No es absolutamente evidente?

martes, 7 de diciembre de 2010

Taller 1.14 Primer experimento


¿Querrán ustedes mirar a su dedo índice, que es el gran instrumento que empleamos aquí, y mirar también a lo que su dedo está señalando? Comiencen apuntando al techo. Ustedes verán que su dedo es una cosa, y que está señalando a otra cosa. Puede ser una lámpara. Ambos tienen color, ambos tienen forma, ambos tienen posición. Su dedo está apuntando a una cosa.
Ahora bajen su dedo, y apunten a la pared justo debajo del techo. De nuevo, a lo que ustedes están apuntando tiene color, lo mismo que su dedo tiene color, y tiene forma, lo mismo que su dedo tiene forma. De modo que es una relación de cosa a cosa, ¿no es cierto?
Ahora bajen su dedo aún más y, debido a que yo estoy a mano, ustedes pueden apuntar a
la cabeza de Douglas ahora. Ustedes están apuntando a una bola de carne más bien decrépita y vieja con barba. Ahora apunten al cuerpo de Douglas. Ahí está él, al derecho, con la cabeza arriba y el vientre y lo demás.
Ahora apunten al suelo. Ustedes verán de nuevo una cosa apuntando a una cosa, un dedo
coloreado apuntando a un suelo coloreado. Ahora apunten a su regazo, háganlo por favor, y encontrarán la misma historia. Ahora apunten a su vientre. Por el amor de Dios, no me miren a mí. Miren a su dedo. Está más o menos a treinta centímetros de su vientre. Ustedes pueden ver otra vez que es una relación de cosa a cosa. El dedo es de un cierto color, y el vientre de otro. Ahora apunten a su pecho. Es más de lo mismo, ¿no es cierto?
Ahora apunten a lo que está encima de su pecho. Apunten a eso desde donde ustedes están mirando. ¿A qué está apuntando su dedo ahora, según la evidencia presente, cuando ustedes dejan de lado la imaginación, el condicionamiento, y se atreven a ser su propia autoridad, y miran a desde donde están viniendo ustedes? ¿A que está apuntando su dedo? ¿Está apuntando a un objeto, a una cosa sólida, pequeña, limitada, semejante a esas otras cosas de ahí fuera, o está apuntando al Espacio que acoge esas cosas de ahí fuera? Mantengan su dedo en esta posición ahora, por favor, y continúen mirando a su dedo, pero sobre todo a lo que su dedo está apuntando. ¿No es a lo que está apuntando sin límites, absolutamente infinito? ¿No es a lo que está apuntando totalmente transparente y sin mácula? ¿Y esta Capacidad sin límites,
sin mácula, no está acogiendo la escena, la habitación, la pared y lo que usted estaba mirando? Debido a que está vacía de la escena, ¿no está ella absolutamente unida con la escena? ¿No está despierta? ¿No está viva para sí misma? ¿Encontrarán ustedes Despertar en algún lugar del mundo excepto Aquí? ¿No es Aquí el sitio de la Consciencia o el Despertar o Yo Soidad? ¿Está en alguna parte excepto Aquí? Ustedes son la autoridad.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Taller 1.14


Ahora, vamos a introducir en esta breve autobiografía un experimento de modo que compartamos esta experiencia. Asegúrense de no mirarme cuando lo hagan.

Taller 1.13


Y entonces pensé: ¡Qué locura! ¡Por Dios, Douglas! ¿Qué pensabas antes de ver esto?
¿Pensabas que estabas atrapado en esa mezcla oscura, húmeda y pegajosa de una bola de carne de unos centímetros de diámetro? ¿Pensabas eso? Vamos, Douglas, tú no pensaste eso nunca, ¿no es cierto? Tú has estado siempre abierto para el mundo. Y, por supuesto, era evidente. Cuando era muy pequeño, yo era así. Yo estaba abierto para el mundo. Después, cuando crecí, hice una cosa mala, estúpida, de mala manera. Para unirme al club humano, acogí a ese pequeño Douglas en el espejo y le amplié, le di la vuelta y le puse sobre mis hombros, lo que ciertamente es imposible, y paseé por el mundo como si hubiera una bola de carne aquí para impedir al mundo entrar. Si tenía a un amigo enfrente de mí, yo decía silentemente: «¡Alto ahí! ¡Yo tengo una cabeza!» Pero yo no tengo una cabeza. Yo no encuentro Aquí absolutamente nada.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Taller 1.12


Entonces percibí algo que voy a compartir con ustedes en los experimentos en un momento.Yo estaba mirando Aquí, tratando de averiguar qué era Aquí, en la raíz, en el centro de este lugar que ocupo. Acontecía que yo estaba en el Himalaya. Yo estaba mirando abajo desde el cielo y las montañas, y en los valles más cercanos podía ver algo de hierba. Aún más cerca vi los pies y la barriga de Douglas. Pero encontré que yo me detenía justo aquí en mi pecho. Encima de mi pecho estaba el Everest. Yo me detenía aquí como Douglas, y era reemplazado por la escena. Advertí simplemente que yo no tenía cabeza. De locos ¿no? Bien, no es enteramente exacto debido a que debería decir que no tenía cabeza Aquí. Naturalmente, tenía cabeza, pero la conservaba a un metro de distancia más o menos en el espejo del baño. Aquí, yo no tenía cabeza, y en lugar de mi cabeza tenía el Kitchunjunga y el Everest.

Taller 1.11


Bien, uno se identifica con cualquiera de estas regiones. La apariencia particular de uno depende de lo lejos que esté el observador. Yo había llegado tan lejos como para comprender esto, pero mi problema seguía ahí, mi timidez morbosa, esas ansiedades absurdas, ridículas y egoístas.

Taller 1.10


Así pues, tanto si ustedes se acercan tanto como puedan a Aquí como si se alejan tanto como sea posible, encontrarán siempre Espacio, con la región humana en medio. Lo que yo soy depende de desde dónde ustedes me estén mirando. De hecho, yo me considero a mí mismo desde todos estos ámbitos. Me siento a mí mismo en estas diversas regiones. A veces me siento solo como Douglas –miserable, viejo, egoísta, pequeño, interesado–. Otras me siento como mi familia. La gente muere por su ciudad. La gente murió por la ciudad de Atenas, ¿no es cierto? La gente muere por su país. Ellos son más su país que su pequeña persona. Y entonces hay veces en las que quiero despojarme de todo, y simplemente cierro mis ojos y digo: «¡Alto ahí, mundo. Basta ya!». Yo me retiro a Quien yo soy justamente Aquí. Yo no tengo nada que ver con ese material externo. De hecho, intrínsecamente, yo soy Nada, Nada consciente de sí misma como Nada.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Taller 1.9


Entonces, al alejarse de Douglas en lugar de acercarse a él, pero mirando aún al lugar donde yo estoy, lo que ustedes verán será esta ciudad aquí. Yendo todavía más lejos, ustedes verán California, después América, después la Tierra, después el Sistema solar, después la galaxia, después la galaxia se reducirá a un punto, y finalmente, espacio prácticamente vacío.

Taller 1.8


Lo que se percibe que yo soy, me decía a mí mismo en aquella época, depende de desde dónde me estén mirando. Decidí que lo que yo soy es una función –disculpen el modo más bien formal de expresar esto– una función de la distancia del observador. En otras palabras, si ustedes me miran desde dos o tres metros de distancia, dicen: «Hola Douglas» debido a que están a la distancia correcta. Ustedes están donde Douglas se muestra, donde ustedes sujetan su cámara para tomar una fotografía de Douglas. Si ustedes se acercan más a mí, evidentemente pierden a Douglas. Yo soy como un mandala o nido de círculos concéntricos, y si ustedes traen su cámara hasta uno de los círculos o regiones más cercanas de las que rodean mi centro, entonces llegan a un lugar donde obtienen una fotografía de un parche de piel, o un ojo, o los labios, que no son exactamente Douglas, ¿no es cierto? Si se acercan más, buscando Quién soy yo real, realmente, este Misterio interior, entonces llegan a regiones donde pueden obtener fotografías de células, moléculas de proteínas gigantes, moléculas más pequeñas y así sucesivamente. Entonces, me aseguran los físicos, la historia es de átomos y partículas. Y ustedes todavía no están Aquí. Los átomos son espacio casi vacío. Dios sabe qué partículas son o dónde están. Ellas son prácticamente nada, ¿no es cierto? ¿Entonces qué hay en el centro, Aquí? Eso es lo que yo estaba buscando. Yo estaba buscando qué hay debajo del electrón. Tenía una pregunta: ¿Qué hay en el centro? No podía ir más allá del electrón. Eso era todo lo lejos que podía llegar. Los quarks no estaban inventados hace sesenta años. Entonces, me aseguran los físicos, la historia es de átomos y partículas. Y ustedes todavía no están Aquí. Los átomos son espacio casi vacío. Dios sabe qué partículas son o dónde están.Ellas son prácticamente nada, ¿no es cierto? ¿Entonces qué hay en el centro, Aquí? Eso es lo que yo estaba buscando. Yo estaba buscando qué hay debajo del electrón. Tenía una pregunta: ¿Qué hay en el centro? No podía ir más allá del electrón. Eso era todo lo lejos que podía llegar. Los quarks no estaban inventados hace sesenta años.

Taller 1.7


Así pues, yo tenía esta baza. Estaba en la India en esa época, buscando Quién soy yo real, real, realmente. Había estado trabajando en este problema algunos meses debido a que en el corazón del corazón del asunto, mi sensación era que nosotros estamos construidos para el amor, somos amor, somos idénticos a lo que Dante llama: «el amor que mueve el sol y las demás estrellas» –que son las palabras finales del Paradiso–. Yo sentía que había un misterio detrás de mi existencia conectado con esta convicción de mi querido padre de que Quien nosotros somos real, real, realmente está vinculado y es incluso idéntico al poder detrás del mundo, que se afirma que es amor auto-dado. Yo sabía que esto era verdadero, ¿pero cómo podía ser?

lunes, 29 de noviembre de 2010

Taller 1.6


Pero tenía una cosa que jugaba a mi favor a pesar de los problemas: una sensación de sorpresa. Siempre he sido agraciado con asombro y gratitud por haber acontecido en el mundo, y la determinación de no vivir y morir sin echar un vistazo a lo que ha acontecido. Vean, habiendo acontecido, es una pena, un terrible oprobio, dar por buena la palabra de todos por lo que ha ocurrido, dar por buena la palabra de todos por lo que hay Aquí, y no molestarme nunca en ver por mí mismo hasta que ya no esté aquí para echar un vistazo. Estaba absolutamente asombrado y agradecido de haber acontecido. Yo no necesitaba haber acontecido, pero había acontecido, y tenía que echar un vistazo a pesar de estos desagradables problemas, que persistieron en algún grado hasta que tuve alrededor de treinta años.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Taller 1.5



El tercer problema era la falta de un objetivo en mi vida. No tenía nada para estructurar mi tiempo, nada por lo que vivir, nada por lo que morir. Yo no sabía qué hacer, intentando una cosa tras otra.
Bien, esos eran mis tres problemas principales: mi incapacidad para averiguar cómo era posible que el amor esté en la fuente del mundo (si ello era ciertamente verdadero, pues yo
tenía una certeza visceral), mi apariencia y timidez, y la falta de significado en mi vida.

Taller 1.4


El segundo era un problema que, al mirarles, probablemente tengan muy pocos de los aquí presentes. Yo era horriblemente tímido. Estaba paralizado por la timidez. Cuando entraba en una habitación con extraños, sudaba y temblaba de miedo ante la imposibilidad de tratar con esa multitud de gente. Era increíblemente tímido –no de timidez grácil y vergonzosa sino de timidez agresiva, que es la más horrible de todas debido a que uno está furioso con la gente si no te miran y terriblemente molesto si te miran–. Es un callejón sin salida. Yo pensaba que era la persona más fea de la cristiandad. No lo era, pero pensaba que lo era. Mi nariz en particular, era absolutamente desagradable; sobresalía. Si la llevaba a una habitación, todo el mundo la miraba, y eso me molestaba terriblemente. Espero que ninguno de ustedes haya sido tocado por este mal tan severamente como yo. Era ridículo, pero ese era el caso. Ustedes notarán que me he recuperado de este segundo problema.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Taller 1.3



Mi primer problema se relacionaba con el hecho de que yo había heredado de mi padre – más que de esta secta– algo de inmenso valor, que atesoraré hasta el final de mis días. Era la intuición, la sensación, la certeza de que el poder detrás del mundo es amor auto-dado. Mi querido padre vivió y murió con esta creencia. Él era muy estrecho y fanático, pero era un hombre querido que tenía esta profunda convicción. Yo sabía que mi padre estaba en lo cierto, pero no podía aceptar la teología o el modo de vida de la secta. A los veintiún años yo nunca había ido al teatro, nunca había ido al cine, y no me estaba permitido leer nada excepto la Biblia. Mi problema era, ¿cómo podía yo vivir a la luz de esta maravillosa idea de que, a pesar de las enormes apariencias de lo contrario, el amor está en el corazón del mundo, sin creer, como decía Alicia, seis cosas imposibles antes del desayuno? Ese era el problema número uno –un problema muy serio, pero un problema que ocultaba posibilidades–.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Nuevo libro de Douglas Harding en castellano


Título: El juego de la cara
Autor: Douglas E. Harding
"Ver la Cara Original de uno" es en el zen uno de los sinónimos de Iluminación. "Ve en este mismo momento a qué se parece tu cara -la Cara que tenías antes de que tus padres nacieran", es el mensaje de Hui Neng, el fundador virtual del zen-. Nuestra Cara Original es absolutamente sin características. Comprensiblemente, esta doctrina dejó perplejo al joven Tung-shan (807-869), que devino el fundador del Zen Soto. El momento de su Iluminación fue cuando le aconteció ver su reflejo en un estanque. En nuestros términos, localizó su cara humana abajo, en el agua, y su Cara no-humana sin atributos sobre el agua. "Cuando el pensamiento es dejado", dice un maestro zen posterior, "la Cara Original aparece".
Otras tradiciones religiosas, incluído el taoísmo, hinduismo (advaita), islam (sufismo), el cristianismo místico, tiene su versión de la Cara Original. Están de acuerdo en que tengo que ver, no sólo reconocer, esta vacuidad que permanece aquí en el Centro de mi universo y que están llena de este universo. No es que yo deba hacerme tan sin-cara, tan incorporal, tan grande como era en la cuna; sino más bien ver que he sido siempre así, y siempre lo seré, ya sea que tenga la honestidad de reconocerlo o no. Y después de todo, esto tiene sentido: el niño libre-de-juego está aquí así de evidente en realidad.
Ediciones Ignitus


Douglas E. Harding

Taller 1.2


Tomemos a Douglas a la tierna edad de veintiún años. Yo había estado creciendo en una secta evangélica ultrafundamentalista en Sufflolk, Inglaterra, llamada los Hermanos Exclusivos de Plymouth, una secta donde para leer a Dickens yo tenía que encerrarme en el lavabo, de otro modo el libro era quemado. Nosotros teníamos libros escolares, pero cualquier otro libro, mi padre lo quemaba ceremoniosamente debido a que probablemente procedían del Diablo. A los veintiún años, con gran agonía y aflicción de mi padre, yo me separé de los Hermanos de Plymouth.


jueves, 25 de noviembre de 2010

Taller 1.1


Hoy quiero dar una nota autobiográfica a modo de introducción. La razón para hacer esto es que toda comunicación genuina sobre asuntos espirituales se basa en la experiencia y no en material libresco. Yo tuve algunos problemas serios cuando era adolescente y alrededor de los veinte años y puede ser que algunos de ustedes tengan problemas similares. No me parece que ustedes tengan muchos problemas, pero espero que tengan algunos debido a que son la cosa más útil de todas, ¿no es cierto? Ellos son los motivos para buscar el lugar donde los problemas no pueden penetrar.


Douglas Harding

Cara a No-Cara. Redescubriendo Nuestra Naturaleza Original


Hola amigos y seguidores de este blog sobre el gran Maestro y Genio, Douglas E. Harding:


Me complace transcribir párrafo a párrafo este extraordinario libro de Douglas E. Harding traducido por el genial amigo Pedro Rodea (al que siempre estaré agradecido).


En este libro se va a ver a un Douglas más cercano en las transcripciones de sus talleres y entrevistas.


Gracias por seguir este blog y disfrutar de esta joya literaria.


Namaskar.


Luis Granados

domingo, 21 de noviembre de 2010

Lavar la cara… del espejo



Se le dijo a la hermana de un amigo, de alrededor de cuatro años, que fuese a lavarse la cara. Ella fue al cuarto de baño y comenzó a lavar su cara… en el espejo.

Douglas Harding

domingo, 31 de octubre de 2010

Claridad atenta a sí misma



Richard: ¿Podría decirse que algunas veces tienes más claridad que otras?

Douglas: No, yo no lo expresaría de ese modo sino que, en ocasiones, la Claridad está más atenta a sí misma, y otras menos, como cuando el énfasis recae en el contenido de la Claridad.



De una entrevista de Richard Lang a Douglas Harding

domingo, 17 de octubre de 2010

Experimento de apuntar con el dedo


Todo lo que tiene forma, sonido y color
puede ser clasificado como cosa.
Pero uno puede alcanzar lo Informe
...y vencer a la muerte.

Chuang-tzu

Cuando apuntas hacia cualquier lugar en el mundo, señalas objetos de percepción. Te encuentras a distancia de lo que miras y ves algo. Señala con el dedo a un objeto cercano y observálo. Estás viendo una cosa o dicho en otras palabras, algo que, desde cierta distancia, está dotado de forma, color, opacidad...
Ahora señala hacia otro lugar como el suelo, por ejemplo. Observa que, dentro de esos límites, también es una cosa. Señala a tu zapato. Otra cosa. Apunta a tu tronco que, en el marco de la presente magnitud, también es otra cosa dotada de forma, color, opacidad. Ahora llegamos a la parte más interesante del experimento, a la más
importante. Invierte el punto de observación ciento ochenta grados y observa ahora el lugar desde donde estás mirando. Señala con el dedo ...al lugar donde los demás ven tu rostro. (Hazlo realmente). Ahora estás señalando hacia el lugar que no se halla a distancia alguna de ti.
¿Qué es lo que ves?
¿Estás señalando a alguna cosa?
Ateniéndote a la evidencia presente, sin recurrir a la memoria o a la imaginación, ¿puedes apreciar aquí color, forma, opacidad o coseidad alguna? ¿Ves acaso tu propio rostro? ¿Puedes ver los ojos, las mejillas o la barbilla? Haz a un lado todas tus suposiciones y expectativas y mira como si fuese la primera vez. Sólo tú estás en posición de ver lo que hay en el centro, puesto que sólo tú estás a ese lado del dedo que señala. No confies en lo que crees que hay, sino tan sólo en tu observación directa.
Ésta es mi propia experiencia. En el lugar donde los demás ven mi ...cara, yo no veo ninguna cosa. Veo el dedo apuntando hacia mí y la habitación detrás del dedo, pero aquí, donde el dedo señala, no hay nada: ni rostro, ni ojos, ni mejillas, ni dentadura. Así pues, estoy mirando desde el espacio, la claridad, la transparencia y la vacuidad. De hecho, soy ese espacio y esa claridad. Y, en esa espaciosa vacuidad, se despliega mi dedo, el fondo que hay detrás, diversos hormigueos y cosquilleos y
pensamientos y sentimientos fugaces. Sigue señalando -y observando con curiosidad y atención- hacia el lugar donde las demás personas ven tu cara. ¿Cuál es la cualidad de ese lugar donde asumes que hay una cabeza sólida y dotada de forma humana? Confia solamente en tu experiencia directa y no en lo que piensas al respecto. No asumas que lo sabes y que, por consiguiente, no necesitas observar. No asumas que la perspectiva que los demás ...tienen de ti a varios metros de distancia es la evidencia irrefutable de lo que eres en tu mismo centro. Mantén tu mente abierta y observa de manera fresca por ti mismo.

Reflexiones sobre el experimento.

En este momento, estamos viendo lo que realmente somos. "Pero no veo nada", se puede objetar. Es cierto, yo tampoco veo nada, pero se trata de una nada muy especial. Para empezar, está despierta - despierta a sí misma en tanto que nada- y, en consecuencia, no es una nada muerta, inconsciente o ignorante de sí misma. Es también una nada consciente de lo que contiene, es decir, de cualquier cosa, desde el dedo que señala hasta las estrellas que contemplamos en el firmamento. Ese espacio vacío es la morada del Universo.

Gracias a:

Douglas Harding, Richard Lang, Jan Kersschot, Pedro Rodea, Salvador González.

lunes, 11 de octubre de 2010

La resistencia


Éste es un tema muy interesante puesto que supone cobrar conciencia de la vergüenza que nos provoca nuestra riqueza. Es como si, al despertar por la mañana, descubriésemos que nos ha tocado la lotería universal y que somos dueños de todo el universo, incluyendo las extrellas más lejanas.
En ese caso, podemos preguntarnos, ¿por qué no va todo el mundo corriendo a comprar un número, especialmente cuando es seguro que todos van a ser ganadores? Bien, lo que me dice el resto de las personas es que yo soy, en mi propio centro, lo mismo que parezco ser a cierta distancia o que yo soy, para mí mismo, exactamente lo que soy para ellos. ¿Y quién soy yo para discrepar con todas esas personas? Especialmente, puesto que deseo pertenecer a la humanidad y quiero formar parte de ella. (Necesito ser aceptado) ¿Acaso no me convertiría en un marginado si fuese por ahí diciendo que no tengo cabeza? (No hay mucha gente capaz de admitirlo.) ¿Acaso los demás no pensarán que estoy loco si les digo que contengo al mundo? (No nos relacionamos con locos raros) Tal vez digan que soy estúpido (Ya se han reído de mí bastante.) De cualquier modo, es una excentricidad y una burla afirmar que uno es Dios. Denota un orgullo desmedido, por no hablar de la herejía (Completamente
inaceptable) Y, por último, es ridículo y estúpido. (Pero yo no soy
ridículo ni estúpido.) Para la mayoría de nosotros, la presión social al respecto es
abrumadora, razón por la cual nuestro rechazo del estado sin cabeza es perfectamente comprensible. También hemos invertido mucho tiempo e ingentes esfuerzos en
imaginar cual es nuestra identidad para poder presentarla a los demás. Sí, sabemos que nuestro rostro tan sólo es una cosa muy pequeña y, en consecuencia, cambiarlo por el mundo no parece un mal negocio, pero tenemos miedo de haber despilfarrado una cantidad enorme de tiempo y energía. No podemos afrontar ese hecho. Somos incapaces de admitir que nos hemos equivocado. Puesto que ya hemos construido la casa, ahora queremos vivir en ella. Esa reacción también es muy comprensible. Otro obstáculo que puede impedir la Visión (de ver lo que realmente somos) es que, cuando nos convertimos en nada -algo que ahora y siempre hemos sido- tomamos el dolor y el sufrimiento del mundo como su gloria y disfrute. Tampoco sorprende que eso nos repela. Sí, es cierto, cuando vemos que estamos ausentes aquí, en el centro,
descubrimos que reaparecemos ahí, en todo lo que pueda presentarse. Y eso puede ser maravilloso. Nos transformamos en el rostro de un amigo, en el aroma de una flor, en una estrella brillando en el firmamento, en la pieza musical que más nos gusta. Esas cosas son fáciles de acoger. ¡Qué encantador es no tener rostro frente a un
niño que rie y juega! Pero, ¿qué ocurre con el sufrimiento de nuestro prójimo? La verdad es que no resulta tan sencillo. La Visión significa que, a la postre, podemos lavarnos las manos porque no somos nadie. Ésa es la línea divisoria. La verdad es que
incluimos a los demás. Dado que estamos vacíos, también somos ellos. En ocasiones, es difícil y doloroso. ¿Pero de qué manera la conciencia de nuestra identidad afecta a las relaciones que mantenemos con los demás? ¿Qué supone esa conciencia cuando nos
encontramos por la calle con un sin techo o miramos el telediario y somos testigos del sufrimiento del mundo? No podemos responder a esa pregunta de manera superficial. El primer paso consiste en ver lo que realmente somos cuando nos encontramos en cada una de esas situaciones. Después, hay que ver lo que estamos decididos a hacer. En ese caso, seremos dirigidos por nuestra verdadera naturaleza.
Tal vez todas las resistencias tengan su origen en el miedo a la muerte. La visión de nuestra propia vacuidad es tan incómoda como la extinción y la muerte. No queda de nosotros el menor rastro. (¡Malas noticias!): nada que ser, nada a lo que aferrarse, ni siquiera la vida. ¿Pero acaso lo más importante no es estar vivo, ser algo? No sorprende que nos resistamos a aceptar nuestra vacuidad. No queremos
partir. No queremos morir. La paradoja es que esa extinción total de nosotros mismos en el centro equivale a la completa salvación. Es una muerte que pone fin a la muerte porque, en el momento en que cruzamos la línea extraordinaria que hay bajo nuestro pecho -hacia el abismo infinito- la muerte no puede seguirnos. Lo único que puede seguirnos es la abundancia de la vida.
Seguramente mucha gente conoce la historia del sirviente que fue al mercado a comprar comida y se encontró con la Muerte. Se asustó tanto que corrió a buscar a su maestro para decirle lo que había sucedido, recoger sus cosas y salir huyendo a Samara, una ciudad que se hallaba a bastantes kilómetros de distancia. Pero no le
importaba. Lo único que quería era elejarse de la muerte tanto como pudiese. Quería vivir. Mientras tanto, la Muerte se quedó en el mercado muy sorprendida. Estaba extrañada de haber encontrado al sirviente por la mañana puesto que creía que iba a verlo en Samara esa misma noche. Y Samara estaba bastante lejos... ¿Cuál es el lugar al que no puede seguirnos la Muerte? Está mucho más cerca de lo que creemos.


Todo lo que tiene forma, sonido y color
puede ser clasificado como cosa.
pero uno puede alcanzar lo Informe
y vencer a la muerte.
Chuang-tzu


Richard Lang

sábado, 25 de septiembre de 2010

Nuevo libro: La vía de un metro. Articulos vol. I de Douglas Harding


Título: La vía de un metro
Autor: Douglas E. Harding
Ediciones: Ignitus
Traducido por Pedro Rodea


Si queremos conocer la verdad, si estamos interesados en averiguar si somos realmente el cuerpo o no, sólo tenemos que mirar, sin más demora, al lugar que ocupamos. Si estamos secretamente asustados de la verdad y no deseamos ver Quién somos, encontraremos excelentes razones para continuar pasando por alto al Veedor. ¡Incluso podemos persuadirnos de que somos devotos tanto mejores por ignorar las instrucciones claras del Maestro!

El hecho no es que no podamos ver, sino que estamos decididos a no ver lo Evidente. Tenemos miedo de desaparecer. Una vez que admitimos esto, estamos al menos a medio camino de superar nuestro miedo. Y realmente, por supuesto, no hay nada que temer. En el instante mismo en que uno ve que uno es nada, uno ve que uno es Todo.

Douglas E. Harding