miércoles, 1 de diciembre de 2010

Taller 1.7


Así pues, yo tenía esta baza. Estaba en la India en esa época, buscando Quién soy yo real, real, realmente. Había estado trabajando en este problema algunos meses debido a que en el corazón del corazón del asunto, mi sensación era que nosotros estamos construidos para el amor, somos amor, somos idénticos a lo que Dante llama: «el amor que mueve el sol y las demás estrellas» –que son las palabras finales del Paradiso–. Yo sentía que había un misterio detrás de mi existencia conectado con esta convicción de mi querido padre de que Quien nosotros somos real, real, realmente está vinculado y es incluso idéntico al poder detrás del mundo, que se afirma que es amor auto-dado. Yo sabía que esto era verdadero, ¿pero cómo podía ser?

lunes, 29 de noviembre de 2010

Taller 1.6


Pero tenía una cosa que jugaba a mi favor a pesar de los problemas: una sensación de sorpresa. Siempre he sido agraciado con asombro y gratitud por haber acontecido en el mundo, y la determinación de no vivir y morir sin echar un vistazo a lo que ha acontecido. Vean, habiendo acontecido, es una pena, un terrible oprobio, dar por buena la palabra de todos por lo que ha ocurrido, dar por buena la palabra de todos por lo que hay Aquí, y no molestarme nunca en ver por mí mismo hasta que ya no esté aquí para echar un vistazo. Estaba absolutamente asombrado y agradecido de haber acontecido. Yo no necesitaba haber acontecido, pero había acontecido, y tenía que echar un vistazo a pesar de estos desagradables problemas, que persistieron en algún grado hasta que tuve alrededor de treinta años.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Taller 1.5



El tercer problema era la falta de un objetivo en mi vida. No tenía nada para estructurar mi tiempo, nada por lo que vivir, nada por lo que morir. Yo no sabía qué hacer, intentando una cosa tras otra.
Bien, esos eran mis tres problemas principales: mi incapacidad para averiguar cómo era posible que el amor esté en la fuente del mundo (si ello era ciertamente verdadero, pues yo
tenía una certeza visceral), mi apariencia y timidez, y la falta de significado en mi vida.

Taller 1.4


El segundo era un problema que, al mirarles, probablemente tengan muy pocos de los aquí presentes. Yo era horriblemente tímido. Estaba paralizado por la timidez. Cuando entraba en una habitación con extraños, sudaba y temblaba de miedo ante la imposibilidad de tratar con esa multitud de gente. Era increíblemente tímido –no de timidez grácil y vergonzosa sino de timidez agresiva, que es la más horrible de todas debido a que uno está furioso con la gente si no te miran y terriblemente molesto si te miran–. Es un callejón sin salida. Yo pensaba que era la persona más fea de la cristiandad. No lo era, pero pensaba que lo era. Mi nariz en particular, era absolutamente desagradable; sobresalía. Si la llevaba a una habitación, todo el mundo la miraba, y eso me molestaba terriblemente. Espero que ninguno de ustedes haya sido tocado por este mal tan severamente como yo. Era ridículo, pero ese era el caso. Ustedes notarán que me he recuperado de este segundo problema.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Taller 1.3



Mi primer problema se relacionaba con el hecho de que yo había heredado de mi padre – más que de esta secta– algo de inmenso valor, que atesoraré hasta el final de mis días. Era la intuición, la sensación, la certeza de que el poder detrás del mundo es amor auto-dado. Mi querido padre vivió y murió con esta creencia. Él era muy estrecho y fanático, pero era un hombre querido que tenía esta profunda convicción. Yo sabía que mi padre estaba en lo cierto, pero no podía aceptar la teología o el modo de vida de la secta. A los veintiún años yo nunca había ido al teatro, nunca había ido al cine, y no me estaba permitido leer nada excepto la Biblia. Mi problema era, ¿cómo podía yo vivir a la luz de esta maravillosa idea de que, a pesar de las enormes apariencias de lo contrario, el amor está en el corazón del mundo, sin creer, como decía Alicia, seis cosas imposibles antes del desayuno? Ese era el problema número uno –un problema muy serio, pero un problema que ocultaba posibilidades–.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Nuevo libro de Douglas Harding en castellano


Título: El juego de la cara
Autor: Douglas E. Harding
"Ver la Cara Original de uno" es en el zen uno de los sinónimos de Iluminación. "Ve en este mismo momento a qué se parece tu cara -la Cara que tenías antes de que tus padres nacieran", es el mensaje de Hui Neng, el fundador virtual del zen-. Nuestra Cara Original es absolutamente sin características. Comprensiblemente, esta doctrina dejó perplejo al joven Tung-shan (807-869), que devino el fundador del Zen Soto. El momento de su Iluminación fue cuando le aconteció ver su reflejo en un estanque. En nuestros términos, localizó su cara humana abajo, en el agua, y su Cara no-humana sin atributos sobre el agua. "Cuando el pensamiento es dejado", dice un maestro zen posterior, "la Cara Original aparece".
Otras tradiciones religiosas, incluído el taoísmo, hinduismo (advaita), islam (sufismo), el cristianismo místico, tiene su versión de la Cara Original. Están de acuerdo en que tengo que ver, no sólo reconocer, esta vacuidad que permanece aquí en el Centro de mi universo y que están llena de este universo. No es que yo deba hacerme tan sin-cara, tan incorporal, tan grande como era en la cuna; sino más bien ver que he sido siempre así, y siempre lo seré, ya sea que tenga la honestidad de reconocerlo o no. Y después de todo, esto tiene sentido: el niño libre-de-juego está aquí así de evidente en realidad.
Ediciones Ignitus


Douglas E. Harding

Taller 1.2


Tomemos a Douglas a la tierna edad de veintiún años. Yo había estado creciendo en una secta evangélica ultrafundamentalista en Sufflolk, Inglaterra, llamada los Hermanos Exclusivos de Plymouth, una secta donde para leer a Dickens yo tenía que encerrarme en el lavabo, de otro modo el libro era quemado. Nosotros teníamos libros escolares, pero cualquier otro libro, mi padre lo quemaba ceremoniosamente debido a que probablemente procedían del Diablo. A los veintiún años, con gran agonía y aflicción de mi padre, yo me separé de los Hermanos de Plymouth.


jueves, 25 de noviembre de 2010

Taller 1.1


Hoy quiero dar una nota autobiográfica a modo de introducción. La razón para hacer esto es que toda comunicación genuina sobre asuntos espirituales se basa en la experiencia y no en material libresco. Yo tuve algunos problemas serios cuando era adolescente y alrededor de los veinte años y puede ser que algunos de ustedes tengan problemas similares. No me parece que ustedes tengan muchos problemas, pero espero que tengan algunos debido a que son la cosa más útil de todas, ¿no es cierto? Ellos son los motivos para buscar el lugar donde los problemas no pueden penetrar.


Douglas Harding

Cara a No-Cara. Redescubriendo Nuestra Naturaleza Original


Hola amigos y seguidores de este blog sobre el gran Maestro y Genio, Douglas E. Harding:


Me complace transcribir párrafo a párrafo este extraordinario libro de Douglas E. Harding traducido por el genial amigo Pedro Rodea (al que siempre estaré agradecido).


En este libro se va a ver a un Douglas más cercano en las transcripciones de sus talleres y entrevistas.


Gracias por seguir este blog y disfrutar de esta joya literaria.


Namaskar.


Luis Granados

domingo, 21 de noviembre de 2010

Lavar la cara… del espejo



Se le dijo a la hermana de un amigo, de alrededor de cuatro años, que fuese a lavarse la cara. Ella fue al cuarto de baño y comenzó a lavar su cara… en el espejo.

Douglas Harding

domingo, 31 de octubre de 2010

Claridad atenta a sí misma



Richard: ¿Podría decirse que algunas veces tienes más claridad que otras?

Douglas: No, yo no lo expresaría de ese modo sino que, en ocasiones, la Claridad está más atenta a sí misma, y otras menos, como cuando el énfasis recae en el contenido de la Claridad.



De una entrevista de Richard Lang a Douglas Harding

domingo, 17 de octubre de 2010

Experimento de apuntar con el dedo


Todo lo que tiene forma, sonido y color
puede ser clasificado como cosa.
Pero uno puede alcanzar lo Informe
...y vencer a la muerte.

Chuang-tzu

Cuando apuntas hacia cualquier lugar en el mundo, señalas objetos de percepción. Te encuentras a distancia de lo que miras y ves algo. Señala con el dedo a un objeto cercano y observálo. Estás viendo una cosa o dicho en otras palabras, algo que, desde cierta distancia, está dotado de forma, color, opacidad...
Ahora señala hacia otro lugar como el suelo, por ejemplo. Observa que, dentro de esos límites, también es una cosa. Señala a tu zapato. Otra cosa. Apunta a tu tronco que, en el marco de la presente magnitud, también es otra cosa dotada de forma, color, opacidad. Ahora llegamos a la parte más interesante del experimento, a la más
importante. Invierte el punto de observación ciento ochenta grados y observa ahora el lugar desde donde estás mirando. Señala con el dedo ...al lugar donde los demás ven tu rostro. (Hazlo realmente). Ahora estás señalando hacia el lugar que no se halla a distancia alguna de ti.
¿Qué es lo que ves?
¿Estás señalando a alguna cosa?
Ateniéndote a la evidencia presente, sin recurrir a la memoria o a la imaginación, ¿puedes apreciar aquí color, forma, opacidad o coseidad alguna? ¿Ves acaso tu propio rostro? ¿Puedes ver los ojos, las mejillas o la barbilla? Haz a un lado todas tus suposiciones y expectativas y mira como si fuese la primera vez. Sólo tú estás en posición de ver lo que hay en el centro, puesto que sólo tú estás a ese lado del dedo que señala. No confies en lo que crees que hay, sino tan sólo en tu observación directa.
Ésta es mi propia experiencia. En el lugar donde los demás ven mi ...cara, yo no veo ninguna cosa. Veo el dedo apuntando hacia mí y la habitación detrás del dedo, pero aquí, donde el dedo señala, no hay nada: ni rostro, ni ojos, ni mejillas, ni dentadura. Así pues, estoy mirando desde el espacio, la claridad, la transparencia y la vacuidad. De hecho, soy ese espacio y esa claridad. Y, en esa espaciosa vacuidad, se despliega mi dedo, el fondo que hay detrás, diversos hormigueos y cosquilleos y
pensamientos y sentimientos fugaces. Sigue señalando -y observando con curiosidad y atención- hacia el lugar donde las demás personas ven tu cara. ¿Cuál es la cualidad de ese lugar donde asumes que hay una cabeza sólida y dotada de forma humana? Confia solamente en tu experiencia directa y no en lo que piensas al respecto. No asumas que lo sabes y que, por consiguiente, no necesitas observar. No asumas que la perspectiva que los demás ...tienen de ti a varios metros de distancia es la evidencia irrefutable de lo que eres en tu mismo centro. Mantén tu mente abierta y observa de manera fresca por ti mismo.

Reflexiones sobre el experimento.

En este momento, estamos viendo lo que realmente somos. "Pero no veo nada", se puede objetar. Es cierto, yo tampoco veo nada, pero se trata de una nada muy especial. Para empezar, está despierta - despierta a sí misma en tanto que nada- y, en consecuencia, no es una nada muerta, inconsciente o ignorante de sí misma. Es también una nada consciente de lo que contiene, es decir, de cualquier cosa, desde el dedo que señala hasta las estrellas que contemplamos en el firmamento. Ese espacio vacío es la morada del Universo.

Gracias a:

Douglas Harding, Richard Lang, Jan Kersschot, Pedro Rodea, Salvador González.

lunes, 11 de octubre de 2010

La resistencia


Éste es un tema muy interesante puesto que supone cobrar conciencia de la vergüenza que nos provoca nuestra riqueza. Es como si, al despertar por la mañana, descubriésemos que nos ha tocado la lotería universal y que somos dueños de todo el universo, incluyendo las extrellas más lejanas.
En ese caso, podemos preguntarnos, ¿por qué no va todo el mundo corriendo a comprar un número, especialmente cuando es seguro que todos van a ser ganadores? Bien, lo que me dice el resto de las personas es que yo soy, en mi propio centro, lo mismo que parezco ser a cierta distancia o que yo soy, para mí mismo, exactamente lo que soy para ellos. ¿Y quién soy yo para discrepar con todas esas personas? Especialmente, puesto que deseo pertenecer a la humanidad y quiero formar parte de ella. (Necesito ser aceptado) ¿Acaso no me convertiría en un marginado si fuese por ahí diciendo que no tengo cabeza? (No hay mucha gente capaz de admitirlo.) ¿Acaso los demás no pensarán que estoy loco si les digo que contengo al mundo? (No nos relacionamos con locos raros) Tal vez digan que soy estúpido (Ya se han reído de mí bastante.) De cualquier modo, es una excentricidad y una burla afirmar que uno es Dios. Denota un orgullo desmedido, por no hablar de la herejía (Completamente
inaceptable) Y, por último, es ridículo y estúpido. (Pero yo no soy
ridículo ni estúpido.) Para la mayoría de nosotros, la presión social al respecto es
abrumadora, razón por la cual nuestro rechazo del estado sin cabeza es perfectamente comprensible. También hemos invertido mucho tiempo e ingentes esfuerzos en
imaginar cual es nuestra identidad para poder presentarla a los demás. Sí, sabemos que nuestro rostro tan sólo es una cosa muy pequeña y, en consecuencia, cambiarlo por el mundo no parece un mal negocio, pero tenemos miedo de haber despilfarrado una cantidad enorme de tiempo y energía. No podemos afrontar ese hecho. Somos incapaces de admitir que nos hemos equivocado. Puesto que ya hemos construido la casa, ahora queremos vivir en ella. Esa reacción también es muy comprensible. Otro obstáculo que puede impedir la Visión (de ver lo que realmente somos) es que, cuando nos convertimos en nada -algo que ahora y siempre hemos sido- tomamos el dolor y el sufrimiento del mundo como su gloria y disfrute. Tampoco sorprende que eso nos repela. Sí, es cierto, cuando vemos que estamos ausentes aquí, en el centro,
descubrimos que reaparecemos ahí, en todo lo que pueda presentarse. Y eso puede ser maravilloso. Nos transformamos en el rostro de un amigo, en el aroma de una flor, en una estrella brillando en el firmamento, en la pieza musical que más nos gusta. Esas cosas son fáciles de acoger. ¡Qué encantador es no tener rostro frente a un
niño que rie y juega! Pero, ¿qué ocurre con el sufrimiento de nuestro prójimo? La verdad es que no resulta tan sencillo. La Visión significa que, a la postre, podemos lavarnos las manos porque no somos nadie. Ésa es la línea divisoria. La verdad es que
incluimos a los demás. Dado que estamos vacíos, también somos ellos. En ocasiones, es difícil y doloroso. ¿Pero de qué manera la conciencia de nuestra identidad afecta a las relaciones que mantenemos con los demás? ¿Qué supone esa conciencia cuando nos
encontramos por la calle con un sin techo o miramos el telediario y somos testigos del sufrimiento del mundo? No podemos responder a esa pregunta de manera superficial. El primer paso consiste en ver lo que realmente somos cuando nos encontramos en cada una de esas situaciones. Después, hay que ver lo que estamos decididos a hacer. En ese caso, seremos dirigidos por nuestra verdadera naturaleza.
Tal vez todas las resistencias tengan su origen en el miedo a la muerte. La visión de nuestra propia vacuidad es tan incómoda como la extinción y la muerte. No queda de nosotros el menor rastro. (¡Malas noticias!): nada que ser, nada a lo que aferrarse, ni siquiera la vida. ¿Pero acaso lo más importante no es estar vivo, ser algo? No sorprende que nos resistamos a aceptar nuestra vacuidad. No queremos
partir. No queremos morir. La paradoja es que esa extinción total de nosotros mismos en el centro equivale a la completa salvación. Es una muerte que pone fin a la muerte porque, en el momento en que cruzamos la línea extraordinaria que hay bajo nuestro pecho -hacia el abismo infinito- la muerte no puede seguirnos. Lo único que puede seguirnos es la abundancia de la vida.
Seguramente mucha gente conoce la historia del sirviente que fue al mercado a comprar comida y se encontró con la Muerte. Se asustó tanto que corrió a buscar a su maestro para decirle lo que había sucedido, recoger sus cosas y salir huyendo a Samara, una ciudad que se hallaba a bastantes kilómetros de distancia. Pero no le
importaba. Lo único que quería era elejarse de la muerte tanto como pudiese. Quería vivir. Mientras tanto, la Muerte se quedó en el mercado muy sorprendida. Estaba extrañada de haber encontrado al sirviente por la mañana puesto que creía que iba a verlo en Samara esa misma noche. Y Samara estaba bastante lejos... ¿Cuál es el lugar al que no puede seguirnos la Muerte? Está mucho más cerca de lo que creemos.


Todo lo que tiene forma, sonido y color
puede ser clasificado como cosa.
pero uno puede alcanzar lo Informe
y vencer a la muerte.
Chuang-tzu


Richard Lang

sábado, 25 de septiembre de 2010

Nuevo libro: La vía de un metro. Articulos vol. I de Douglas Harding


Título: La vía de un metro
Autor: Douglas E. Harding
Ediciones: Ignitus
Traducido por Pedro Rodea


Si queremos conocer la verdad, si estamos interesados en averiguar si somos realmente el cuerpo o no, sólo tenemos que mirar, sin más demora, al lugar que ocupamos. Si estamos secretamente asustados de la verdad y no deseamos ver Quién somos, encontraremos excelentes razones para continuar pasando por alto al Veedor. ¡Incluso podemos persuadirnos de que somos devotos tanto mejores por ignorar las instrucciones claras del Maestro!

El hecho no es que no podamos ver, sino que estamos decididos a no ver lo Evidente. Tenemos miedo de desaparecer. Una vez que admitimos esto, estamos al menos a medio camino de superar nuestro miedo. Y realmente, por supuesto, no hay nada que temer. En el instante mismo en que uno ve que uno es nada, uno ve que uno es Todo.

Douglas E. Harding

lunes, 6 de septiembre de 2010

Póngase a prueba usted mismo 2ª parte




¿Puede ver por usted mismo, sin la más mínima dificultad o duda, en su Naturaleza Vacía? En otras palabras, ¿son los pasajes citados anteriormente evidentemente verdaderos justamente ahora, en su propia experiencia inmediata? Si es así, no se moleste en leer el resto de este artículo.

Si usted no ve de qué van ellos, ni quiere ver, no tiene sentido leer más.

Pero si, por otra parte, usted no lo ve pero quiere intentar algo que pueda capacitarle para hacerlo, entonces se sugiere que dedique los próximos veinte minutos a llevar a cabo algunos experimentos simples. Leerlos solo es peor que inútil. Tienen que ser hechos efectivamente. Las siguientes preguntas son para ver, según la evidencia presente solo, lo que usted encuentra en este momento, cuando deja de poner cosas en ello:

1. Levántese, mire hacia delante, quédese quieto.
(Ayuda tener un amigo que le lea las preguntas en voz alta, pero no necesita responderlas en voz alta).
¿Cuántos pies tiene ahora que pueda contar?
Por supuesto, usted siente sensaciones, ¿pero qué son ellas realmente? ¿Equivalen a unos pies? Según la presente evidencia, ¿no podría usted tener igualmente garras o pezuñas o aletas?

¿Cuántas piernas puede encontrar? ¿Cuántos troncos? ¿Cuántas cabezas?
¿Dónde están sus límites? ¿Cuán grande es usted? ¿Cuán viejo? ¿De qué sexo?

¿Es usted una cosa, o es más como el espacio en el que están aconteciendo ahora un montón de otras cosas —incluyendo varios pensamientos y sensaciones?

2. Responda las mismas preguntas, esta vez con los ojos cerrados

3. Mire su mano. ¿Está usted en ella, o está ella en usted? ¿Tiene usted algún indicio de lo que es estar en ella?

4. Continúe mirando su mano

¿Cómo podría ver ahora su color, si usted fuera coloreado?
¿Cómo podría recibir su forma, si usted tuviera forma?
¿Cómo podría registrar sus movimientos ahora, excepto en su quietud?
¿Cómo podría contenerla si usted no fuera vacío?
¿Cómo podría usted captar todos esos detalles, excepto siendo absolutamente llano y simple?
¿Cómo podría usted sentir el dolor en ella (cuando su uña del dedo pulgar se clava en su dedo índice) si no fuera sentido contra un trasfondo constante de no dolor?

¿Cómo podría usted oír el ruido que hace (como cuando chasquea sus dedos) si el sonido no hiciera «plaf» en su ilimitado fondo de silencio?

5. ¿Por cuántos ojos está usted mirando, ahora que realmente mira?
Vea qué ocurre cuando se pone sus gafas, lentamente. Abarque con sus manos la extensión de su «ojo». ¿Qué hay detrás de él?

6. Señale a sus pies, piernas, vientre, pecho, después a lo que hay encima de eso.
¿Con toda honestidad, a qué está señalando su dedo ahora? Continúe señalando.

7. Vea si usted puede estar cara a cara con alguien. ¿No es cara a no cara?

8. Asegúrese de dónde tiene usted su cara. ¿Está ella dónde usted pensaba que estaba?
¿O está ahí en el espejo, y donde su amigo la recibe (y por lo tanto puede decirle si hay una mancha en su nariz), y donde él sostiene su cámara (que por lo tanto puede registrarla, mancha y todo)?

9. Palpando, pellizcando y palmeteando, intente construir sobre sus hombros una cosa coloreada, opaca, toda junta en una pieza, limitada, tal como usted la encuentra sobre los hombros de su amigo. Intente entrar y describir sus contenidos, como se revela ahora. ¿No sigue usted siendo amplio, espacioso, inmenso?

10. Mire al cielo encima de usted. ¿Está su tierra-cuerpo vacía ahora, lo mismo que su cuerpo y cara y ojos de hombre estaban vacíos? ¿No es cierto que «toda la gran Tierra» no es nada sino usted (Hseuh-feng) y «que la gran Tierra» no contiene una mota de polvo (dicho Zen)? ¿No es desde lo que usted está mirando espléndidamente espacioso siempre para lo que usted está mirando?

11. Usted es la única autoridad sobre cómo es donde usted está. Pero si usted no confía en sus propios hallazgos, que su amigo compruebe, hasta donde pueda, su vacuidad central (a cero metros) acercándose con su cámara (un «agujero» en una hoja de papel servirá).

¿No comienza él en un lugar (digamos a dos metros de distancia) donde encuentra que usted es un ser humano, después viene a un lugar donde (a, digamos, un metro) encuentra medio ser humano, después una mano o una cabeza, después un parche de piel y después un mero borrón?

(Suponiendo que él tuviera buenos microscopios, etc… ¿no se vería el borrón como células, después como una célula, después como partículas de orden decreciente, y al final como espacio prácticamente vacío —sin rasgos distintivos, transparente, sin color, ilimitado?)
¿No es cierto que cuanto más se acerca él a usted, más se acerca a su propia visión de usted mismo como Nada?

¿Puede ver ahora por usted mismo, más allá de toda duda, en su Naturaleza Vacía? Si es así, ¿qué le impide continuar haciéndolo, siempre que y dondequiera que usted quiera, hasta que el ver devenga su modo normal de vida? Esto puede no llevar tanto como usted teme. En cualquier caso, ha comenzado con buen comienzo.

Douglas Harding

Traducido por Pedro Rodea

domingo, 5 de septiembre de 2010

Póngase a prueba usted mismo 1ª parte


Siguiendo la guía del Buddha mismo, el budismo afirma a menudo que, en contraste con otras religiones, no es dogmático, que sus enseñanzas son para poner a prueba y no meramente para confiar en ellas. Un budista verdadero, no trata con bienes de segunda mano. Se dice que es de mente abierta, humilde ante los hechos como efectivamente se presentan, y sobre todo, atento a lo que se da ahora, abandonando la imaginación, lo aprendido de oídas, los prejuicios y todas las opiniones preconcebidas —no importa cuán consagradas sean por la tradición.

Lo que sigue es, por tanto, una invitación a poner en práctica esta atención de mente abierta, y poner a prueba algunas enseñanzas budistas básicas averiguando cómo concuerdan ellas con la experiencia de primera mano.

Primero, una ojeada a estas enseñanzas:

No busquéis refugio en nadie sino en vosotros mismos.

Vosotros no podéis alcanzar yendo, ese lugar donde no hay nacimiento, ni envejecimiento, ni declive, ni perecimiento, ni surgimiento en otra parte en el renacimiento… Pues, amigos míos, en este mismo cuerpo, seis pies de alto… está el mundo, y la cesación del mundo, y la vía que lleva a su cesación.

Gautama Buda

Percibiendo que este cuerpo es como espuma, como un espejismo, él [el discípulo], rompiendo los floridos dardos de Mara, irá dónde el Rey de la Muerte no le ve.

Dhammapada

Aquí, ¡oh Satputra!, la forma es vacío.

Sutra del corazón

Yo he realizado la Naturaleza Esencial de mi cuerpo y mi mente, que es como la fluidez de los océanos de fragancia que rodean las Islas del Bienaventurado. He realizado que había estado arrojando todo el tiempo los fragmentos rotos de mis pensamientos de personalidad en la claridad pura de mi Naturaleza Esencial.

Surangama Sutra

Este cuerpo vacío, visionario es nada menos que el Dharmakaya.

Yung-chia Hsuan-chuch

En el lugar donde no ningún hombre es, yo pondré mi mano en mi frente y te guardaré. Te esperaré y cuidaré de ti donde ningún hombre habla, es decir, en la tierra de Maitreya, donde no se necesita boca ni labios.

Pai-chang

Mientras no seas llevado por vientos externos, tu Naturaleza permanecerá como el agua, siempre serena y clara.
La percepción de que hay nada que percibir —esto es Nirvana, también conocido como Liberación.

Hui-hai

Douglas Harding

Traducido por Pedro Rodea